Viernes, 14 de marzo del 2008

Los sabores que amo son los más sencillos: el pan fresco, los tomates maduros, el jugo de naranja recién exprimido, las hojas de menta fresca, el agua fresca y el café fuerte.

Estos son los sabores que despiertan en mí las memorias del confort y me recuerdan que no importa dónde esté, siempre “estoy en casa”.

En estos días de vida instantánea, donde los platos clásicos duran hoy sólo dos horas para hacerlos más rápidamente disponibles, sonaría tonto hacer cualquier cosa de cero cuando no tiene la necesidad.

Sin embargo, yo soy una ávida defensora de los derechos de los fatto in casa o casero. Por ende, creo que todo puede hacerse sin mucha corrida ni mucho problema.

Sopas en todas sus variedades, mermeladas, salsas de tomate … son todas recetas muy fáciles de hacer, sólo se necesita el empuje y ganas de hacerlas.

Adoro las mermeladas, es un amor peculiar y fascinante que tengo dentro de la gama de los dulces.

Las mermeladas son parte de la lista de recetas clásicas perdidas, muy fáciles de hacer que tomamos por sentado.

Ni siquiera hay que estar al lado de la olla revolviendo todo el tiempo cuando se hace una mermelada.

Pero sólo las mermeladas caseras son mis predilectas.

Si no lo son, las selecciono con mucho cuidado. Hoy en día, el agregado de azúcar y almíbar industrializado en las mermeladas es por demás e innecesario.

Hacerlas son un placer, relajante, reconfortante y muy sencillo.

No hay dos mermeladas iguales. Son extremadamente personalizables.

Una a otra puede hacerlas variar increíblemente dependiendo de la cantidad de azúcar que quiera tener o sacarle, o bien el grado de acidez que quiera o no tener presente en la receta.

De la misma manera, también puede sacar o agregar especias que no estén presentes en la receta original. Es un toque que será sólo suyo.

Empiece probando de a poquito y continúe en la siguiente hasta lograr el punto de agrado.

Vivir en la Florida, el paraíso de las naranjas – y otras tantas frutas – hace la tarea aún más tentadora.

Recuerdo la fascinación de mi padre por la mermelada de naranjas. Entonces, no la (fascinación) entendía.

Sus favoritas eran las inglesas. Hoy, yo misma no resisto sucumbir a ellas.

Para hacer mermelada en casa, las mejores naranjas son las de cáscara gruesa, las comúnmente llamadas de ombligo.

Yo no le agrego ningún conservante a mis mermeladas; generalmente no tengo ningún problema consumiéndolas a tiempo, pero me gustan lo más naturales posibles.

Sin embargo, si usted desea agregar un conservante y desea darle más cuerpo a su mermelada, el pectin entonces es lo que anda buscando.

Este es un aditivo natural altamente concentrado en la cáscara, y pepas de las frutas cítricas. Y en una mermelada tan cítrica como esta, en lo personal, no creo sea necesario agregar pectin.

El pectin viene listo para usar tanto en forma líquida o sólida.

Para darles un toque de acidez, use limones Meyer.

No los reemplace por limones comunes.

Las naranjas en esta receta, son hervidas con los limones por alrededor de una hora hasta lograr que estén tiernos; luego pélelos con un pelador de vegetales.

Remueva con cuidado la parte blanca de las naranjas que se encuentra dentro ya que el interior de las mismas estará casi deshecha.

Las cáscaras y la pulpa, sepárelas pasándolas a través de un molinillo para comidas –ése mismo que usa para las salsas de tomates. Use la cuchilla con la apertura más grande.

Luego, cocine todos los ingredientes con azúcar y algo del líquido de cocción por menos de una hora para lograr una increíble y deliciosa –profunda en sabor– mermelada de naranjas, hecha de cero.

Mermelada casera de naranjas

Rinde 6 tazas

  • 6 naranjas, de ombligo
  • 2 limones tipo Meyer
  • 3 1/2 libras azúcar blanca
  • Agua

Llene una olla con agua fría. Cocine las naranjas con los limones por 30 minutos.

Cambie el agua, llene la olla con agua fría y continúe cocinando hasta que las frutas estén tiernas, otros 30 min. Con una espumadera, cambie la fruta a una tabla de cortar para que se enfríen; guarde el líquido de cocción. Cuando la fruta este fría para cortar, use un pelador de vegetales; pele las naranjas y los limones (no use la corteza blanca de las frutas pero colóquela en un colador para remover los jugos). Corte las cáscaras en cintitas finitas y deje aparte. La pulpa de las frutas debe estar muy tierna. Pase la pulpa a través de un molinillo de alimentos y descarte cualquier corteza, cáscara y pepas. En una olla, combine el azúcar y una pinta del líquido de cocción. Cocine a hervor suave por 10 min. Agregue la fruta reservada, suba el fuego a hervor suave y cocine por otros 10 minutos. Agregue las cáscaras en cintitas, siga cocinando por 15-20 min. y logre un color naranja oscuro. Pase la mermelada a frascos.

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