Viernes, 22 de septiembre del 2006

Las manzanas, la miel y las granadas son algunos de los sabores presentes el día de Rosh Hashaná, la celebración del Año Nuevo Judío.

Este año, Rosh Hashaná, comienza al ponerse el sol el viernes y su celebración continúa hasta la puesta del sol del domingo con muchísimas oraciones, pero aún más comida.

Pero la comida que se sirve en estos días de festejo no es cualquier tipo de comida. Es comida con significado.

Así como la comida tradicional de la Pascua Judía, la clásica cena alrededor del Año Nuevo ha evolucionado a través del tiempo para incluir alimentos simbólicos. Algunos de ellos se creen que tienen poderes místicos; otros son una manera delicada de pedir a Dios que escuche los pedidos en las oraciones.

También otros alimentos fueron elegidos por sus nombres en yidis, hebreo, arameo y hasta ladino, los cuales tienen connotaciones apropiadas para la naturaleza contemplativa y a la vez optimista de la festividad.

Por ejemplo, la tradición de comer tzimmes, o zanahorias glaseadas, es un estofado a base de zanahorias con variaciones que también puede llevar frutas, carne y vegetales, servido tradicionalmente por los asquenazís o los judíos oriundos de Europa central y oriental, en Rosh Hashaná.

La elección de las zanahorias viene de la palabra zanahoria en la lengua yidis, una de las derivaciones que la lengua judaica, “merren”, que también quiere decir “más” o “aumentado”. Cortadas en forma de monedas, las zanahorias representan el deseo por la prosperidad y la buena fortuna para todos aquellos que conocemos y queremos.

Y no es que los asquenazís sirvieran esos ravioles redondos tipo “kreplach” durante la festividad porque son sabrosos. Según una antigua tradición y creencia mística esta sugiere que como Rosh Hashaná cae al comienzo del mes lunar cuando la luna está nueva o invisible, algunas comidas de la celebración deberían al mismo tiempo ser “cubiertas”. La forma redonda también significa integridad, entereza.

En casi todos los hogares judíos, la celebración comienza cubriendo manzanas en miel, para simbolizar el deseo de que el nuevo año sea dulce. Luego al pan redondo típico, challah, o jalá, que simboliza la continuidad y el deseo de un año lleno de armonía, se le sumerge en miel en lugar de sal como se acostumbra durante las festividades sabáticas y otras.

El primer plato de pescado simboliza la fertilidad, y el postre, el pastel de miel o dátiles secos deja un dulce sabor para que todo continúe de esa manera en el transcurso del año.

El otoño en Israel es la estación de los dátiles frescos con los que se puede hacer almíbar. La mayoría de los eruditos judíos opinan que esta es la miel de la que habla la Biblia.

De todas las costumbres culinarias, es la poco conocida como La Bandeja de las Bendiciones que merece unas líneas especiales. Originalmente del norte de Africa y con un gran número de seguidores, la bandeja caracteriza siete elementos comestibles, cada uno es un símbolo o juego de palabras para el Año Nuevo acompañado de una bendición.

Además de las manzanas y la miel, las granadas les siguen en la tradición con sus 613 semillas, el número de las buenas hazañas mencionado en la Torá; pequeños platos de zanahorias, remolachas o dátiles, todos con pedidos de protección como “sacar al enemigo del camino”, “remover”, “cortar”.

Uno no tiene que ser arameo para crear una Bandeja de Bendiciones. Por ejemplo, puede llenar una bandeja o bol con huevos, duraznos y especias y convidar a los invitados a crear sus propias bendiciones como “por un año dulce, fértil y con sabor”.

Ensalada de berenjenas asadas con semillas de granada

Sirve 6 personas

Esta receta de ensalada puede ser usada para la Bandeja de Bendiciones, como un primer plato vegetariano o como un bocado durante la festividad.

Para lograr un mejor sabor, chamusque las berenjenas sobre la hornalla de la cocina o en el asador del horno. Sirva con ‘challah’, tostadas o galletas.

  • 4 libras de berenjenas (aprox. 3 grandes)
  • Semillas de 1 granada
  • 1/2 taza de aceite de oliva extra virgen
  • 2 cdas. de jugo de limón fresco (o más, a gusto)
  • Sal tipo Kosher
  • Pimienta negra molida fresca

Guarnición:

  • 1 cda. de hojas de menta picaditas (opcional)
  • 3-4 cdas. de cebolleta picadita y/o rábanos en rodajas

Lave y seque las berenjenas. Haga un agujero en el medio de tres grandes cuadrados de láminas de papel aluminio para formar “collares” para las hornallas de la cocina y evitar limpiar más tarde.

Coloque una berenjena sobre cada quemador y ásela sobre fuego medio, dándole vuelta ocasionalmente hasta que se chamusque de todos los lados y esté tierna por dentro cuando le inserte un cuchillo. No se pase de cocción. Utilice cucharas grandes de cocina para transferir una berenjena por vez a una tabla de cortar. Deje que se enfríe hasta que sea fácil de manejar.

Corte la berenjena por la mitad, a lo largo, y con una cuchara remueva la pulpa. Tire la cáscara. Forme un puré con la ayuda de un procesador o a mano con un cuchillo. Transfiera a un bol. Agregue el jugo de limón y las semillas de la granada. Mezcle. Agregue el aceite. Sazone con sal y pimienta. Transfiera todo a un bol y acompañe con la menta, cebolleta y las rodajas de rabanito

(Esta ensalada puede ser preparada varias horas antes, cubierta con plástico y enfriada hasta la hora de ser servida. Para servir, espere a que esté a temperatura ambiente.)

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