Tengo una cosa por el yogur natural. Una cosa llamada amor al sabor natural y a la textura cremosa.

De pequeña vaciaba los frascos de vidrio de yogur natural que se compraban al lechero que venía a la puerta de casa.

Recuerdo jugar a contemplar su textura cremosa, como la clara batida a punto nieve que no cae de la cuchara.

Era naturalmente delicioso.

Todos tenemos expectativas al llegar a esta tierra, expectativas de encontrar los mismos sabores, colores y texturas.

La búsqueda puede tornarse larga, tal vez tediosa y a veces frustrante si no se hallan los sabores deseados; y lo mejor será —en esos casos— recrear los sabores uno mismo.

Recuerdo que en uno de mis viajes a Italia, la dueña de casa donde me quedé, hizo yogur casero natural.

Naturalmente y simplemente delicioso.

No sólo quedé fascinada con la simplicidad del método sino con la delicia del sabor y la cremosidad de la textura.

Nada tenía que envidiarle a los comprados en el mercado.

Recuerdo que usó una máquina para que la leche se asentara durante la noche. Y aunque simplifica el proceso, no es (en mi opinión) tan necesario.

Además, si no tiene una máquina, le ahorrará unos cuantos pesos  en todo sentido.

Existe algo de mágico y seductor hacer sus propios quesos y panes, y por qué no su propio yogur.

Mi problema con los lácteos son los preservativos que le colocan, la forma en que son procesados. Esa es mi intolerancia a los lácteos.

Por eso consumo nada que no sea orgánico y evito lo totalmente descremado.

Pero ése es mi caso. Cada cual adapte esta receta a su necesidad y gusto.

El yogur no sólo puede usarse como desayuno con su granola (también casera), sino para servirlo con vegetales con menta, con cortes de carnes orientales, como postre con miel, o con pollo kebab. Las definiciones y estilos para el yogur van de acuerdo a lo que usted desee hacer en su cocina: dulce, amargo o agridulce.

Como este yogur se hace sin el uso de máquina, deberá hallar un lugar insulado para que el mismo se asiente por unas horas antes de colocarlo en la heladera. Pero no deberá buscar muy lejos. El horno es un buen lugar para que el yogur descanse durante la noche porque es un lugar insulado.
Si su horno es a gas y tiene piloto, préndalo por unos minutos para calentarlo un poco y luego apáguelo.

Si su horno es eléctrico, préndalo un ratito con la misma finalidad y apáguelo.

Luego, en el estante más bajo del horno coloque una bandeja con agua hirviendo antes de proceder a colocar el yogur.

El otro tema que deseo enfatizar es el consumo de los microorganismos de bacteria activa.

En la receta destaco el uso de yogur probiótico. Estos son los que contienen bacterias de cultivo activa benéficas para la salud: fortalecen el sistema inmunológico y el sistema digestivo en el cual se aloja la base de las defensas del cuerpo.

Si el cuerpo tiene bacteria sana en el sistema digestivo, tendrá un sistema de defensa fuerte.

El uso de antibióticos, nutrición pobre, alcohol, estrés, edad, o tabaco por ejemplo, destruyen la “buena” bacteria  en los intestinos.

Recuerdo que de niña el yogur era lo primero que se me daba cuando me enfermaba y tenía que tomar antibióticos.

El otro beneficio del grupo de los probióticos es que promueven la absorción de nutrientes,  promueven el proceso digestivo, combaten los agentes patógenos (bacteria dañina) y evitan el envejecimiento prematuro de las células.

Las bacterias vivas del grupo probiótico que verá con regularidad son la L. acidophilus, Bifidus, L. casei, y L. rhamnosus.

No hay una cantidad mínima o máxima de probiótico al día que usted deba o pueda consumir.
En el caso de la receta, la bacteria viva, activa el proceso de fermentación del yogur.

Una vez completado el proceso, asegúrese de colocar los frascos con yogur en la heladera para mantener la bacteria viva y conseguir todos sus fantásticos beneficios.

Yogur natural casero sin máquina

Ingredientes:

Rinde 3 1/2 tazas

  • 4 tazas leche entera o si bien descremada 2 por ciento
  • 1/4 taza yogur natural probiótico orgánico como Stonyfield Farm
  • Extra: Frascos de vidrio, los que necesite

En una olla mediana a fuego medio, coloque la leche hasta que comience a hacer burbujitas y se vea que comience a pegarse en los bordes pero sin que no llegue a hervir.

Con la ayuda de un termómetro de cocina, ajuste la temperatura de la leche (185°F). Revuelva con frecuencia sin dejar que hierva.

Saque la leche del fuego. Colóquela aparte.

Deje que la leche se enfríe hasta llegar a los 112°F (tibia), lo que tal vez llevará unos 30 minutos.

Luego, agregue el yogur mezclando bien.

Vierta la mezcla en frascos de vidrio.

Cubra bien cada frasco con plástico o con sus tapas correspondientes.

Colóquelos en el horno, en el estante del medio, por unas seis a ocho horas para que la mezcla se asiente bien (fermente).

Una vez que el yogur se haya asentado y espesado en textura, coloque los frascos en la heladera.
Se asentarán mas aún una vez que se enfríen.

Sirva con frutas frescas o miel, o bien acompañe con vegetales frescos cortaditos.

2 Responses to “Yogur: cremosidad, versatilidad, sabor y textura”

  1. Hace muchos anos resido en Puerto Rico. Todo lo culinario esencialmnte panameno
    me encanta. El yogurt es la leche cortada. Digame como hacer queso al igual que en el interior. El arroz con cono, y la carne asada en fogon. El paladr panameno-colombiano
    es un deleite. Gracias por el yogurt, y ahora voy a vr el challah .

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