Ultimamente me he sentido un tanto atrevida, y por qué no decir, traviesa.

Como deseando querer probar cosas que sean  nuevas, queriendo ir más allá de los límites de lo sencillo y confortable.

Aplicado a este caso, diríamos que se me ha dado por hacer los huevitos de pascua en casa.

¿Suena afanoso? Es más sencillo de lo que cree.

Cuando llegaban los días frescos y otoñales de Pascua, lo que menos se pensaba hacer en casa eran huevos de Pascua, todo lo demás sí, pero eso no.

Siempre me quedaron como “rebotando” … por qué no habremos intentado hacerlos.

Este, es por eso mi intento atrevido y a la vez tímido de hacer huevos pascuales con ustedes y su familia.

Pero antes quiero contarles un poquito el origen de todo esto.

Algo que también siempre me preguntaba cuando llegaba el tiempo de Pascua.

No llegaba a comprender que tenía que ver un huevo de chocolate con todo ese asunto de la Pascua de Resurrección.

Según historiadores, hace siglos atrás la Iglesia Católica prohibía comer huevos durante la Cuaresma.

Entonces los fieles los cocinaban y cubrían con una fina capa de cera.

Luego los regalaban a sus seres queridos una vez pasada la restricción durante el Domingo de Pascua.

La costumbre se mantuvo aún cuando la iglesia levantó el veto.

Hasta que en el siglo XIX pasteleros de renombre en Alemania, Italia y Francia comenzaron a manufacturarlos a base de chocolate y con una pequeña sorpresita dentro.

Además, según cuenta la tradición, son los padrinos quienes deben obsequiar los huevos a sus ahijados.

Creo que estaremos de acuerdo que hoy día esta parte de la tradición  se ha quedado más que dormida.

En aquel entonces, la producción de los huevos de Pascua representaban todo un desafío de pastelería ya que se hacían uno por uno en moldes.

El huevo siempre tuvo un fuerte significado, y en la Pascua encaja aún más porque éste representa la vida o el inicio de una nueva vida.

¿Y qué hay de la celebración casi simultánea de la Pascua judía y la cristiana? En realidad no mucho, solamente una cuestión de tiempo y de hechos meramente históricos.

La Pascua judía —o Pesach— ya se celebraba antes de la llegada de Cristo: se llevaba a cabo antes de lo que fuera su crucifixión y resurrección.

El resto, como ya sabemos, es historia. Todos sabemos que Jesús El Cristo fue inmolado luego de la Pascua judía.

Es así que llega la Pascua cristiana: el tiempo de recojo, adoración y celebración por el comienzo de una vida nueva.

Para los judíos, de cierta manera, también es la celebración del comienzo de una nueva vida, al recordar el éxodo, la liberación de la esclavitud de Egipto.

Y en toda celebración, existe un vínculo común: la reunión alrededor de una mesa con buena comida.

Uno de los elementos de festejo de la mesa judía que más disfruto es el challah, servido durante el shabbat, día de descanso y recojo espiritual.

El challah es un pan hecho a base de huevo, azúcar y mantequilla. Pero aquí les presentaré una versión más liviana.

Huevos de Chocolate y ‘Challah’

Estos huevitos no son huecos como los que compra en la pastelería, pero sí rellenos de sabor.

Huevitos de Pascua:

  • 2 barras mantequilla sin sal, blanda
  • 1 cdta. sal Kosher
  • Semillas vaina vainilla, o esencia
  • 1 lata leche condensada
  • 3 lbs. azúcar impalpable, más extra
  • Colorante amarillo
  • 1 libra de chocolate semidulce y 1 lb amargo, cortado en pedazos para derretir

En un bol, combine la mantequilla, la sal y semillas de vaina vainilla. Agregue la leche condensada y bata con una batidora eléctrica.

Vaya agregando el azúcar de a una taza a la vez. Transfiera la masa sobre una superficie espolvoreada con azúcar y amase dos a cuatro veces. Corte un 1/4 de la mezcla y agregue el colorante y vuelva a amasar.

Use una cucharita para dividir la masa en 20 pelotitas. Armelas en sus manos y colóquelas en una bandeja para hornear galletas. Luego divida la mezcla blanca en 20 pelotitas. Y en el centro de cada una coloque una amarilla. Vuelva a moldear en forma de huevito con sus manos. Derrita el chocolate y cubra cada uno de los huevitos. Deje descansar. ¡Comparta!

Mi ‘Challah’:

  • 2 1/2 tazas agua cálida
  • 1 cda. levadura activa seca
  • 1/2 taza miel
  • 6 cdas. aceite vegetal
  • 2 huevos
  • 1 cda. azúcar
  • 1 cda. sal Kosher
  • 8 tazas harina, y extra
  • 1 huevo batido
  • Semillas ajonjolí

Precaliente el horno a 375ºF. En un bol active la levadura en el agua por un minuto. Agregue la miel, aceite, huevos, azúcar y sal. Combine bien.

Vaya agregando de a poco la harina.

Forme una masa. Pase a una superficie enharinada, amase.

Divida la masa en dos (le saldrán dos challahs).

Forme un tronco largo y de allí separe tres tiras que queden unidas al final. Tréncelas. Colóquelas en moldes para horneado de pan y con un cepillo de repostería, pásele huevo batido encima. Luego, espolvoréele semillas de ajonjolí.

Hornee en la parte más baja por 35-45 minutos.

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