Es ese tiempo tan especial del año de agradecer —como si no fuera una norma espiritual hacerlo a diario.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española agradecer significa “mostrar gratitud o dar las gracias”.

Sin embargo, si no nos apresuráramos tanto en nuestra rutina diaria, hasta el aire cambiaría a nuestro alrededor, en nuestra casa … trabajo … barrio.

Es que de eso se trata, de no apresurarnos, y no hablo de no llegar tarde al trabajo o de no perder el avión.

Pareciera que nos damos tanta prisa por llegar a todas partes, a hacer las compras, a cocinar lo más posible y lo más rápido … que perdemos el sentido a la esencia de lo que es la festividad en sí, que perdemos el sentido a la esencia de lo que servimos en la mesa y terminamos engullendo como cualquier otro día. Y al final de cuentas se nos pasa por alto el agradecer estar juntos, no disfrutamos del Día de Acción de Gracias, y nos olvidamos del por qué nos reunimos en primer lugar.

Cuando menos se dé cuenta, así se le fue el día: a las corridas, o a los portazos porque hay demasiado que hacer con tan poco tiempo, bufando, peleando por llegar primero, con dolor de cabeza y sin disfrutar ni agradecer de la presencia de estar unos con otros.

Las fiestas sí pueden ser sencillas y sin complicaciones. Recuerde que son sólo fiestas.

La clave es organizarse. Por eso este año, deseo volver a lo básico, un poquito a las raíces, y también en parte deseo usar las frutas de estación que más me inspiran a mí —usted puede hacer lo mismo por su lado— como las peras, en lugar de las manzanas que son las que en general son las que marcan las fiestas que tenemos que usar por regla.

Así que los invito a ustedes a que usen estos días tan especiales para conectarse no sólo con sus vidas y seres queridos, sino también con los sabores, colores y aromas propios de la estación.
Para mí, el cocinar, cuando nos conectamos con los elementos que la naturaleza nos provee, tiene un alto poder curativo.

Por eso no les aconsejo que se pongan a cocinar con apuro o enojo, ya que toda esa energía fluye hacia lo que está cocinando y luego se ingiere.

Aproveche la festividad de Acción de Gracias como lo que será su práctica diaria.
Organícese y disfrute.

Y si así no pudiera ser, use el acto de cocinar como su fuente de creatividad y relajación. El Día de Acción de Gracias ya tiene que tener todas las compras hechas. Sólo las de emergencias son permitidas.

Si planea cocinar un pavo grande, debe tener una heladera o congelador grande; las aves deben descongelarse a temperaturas frías para evitar el intoxicamiento.

Para ello, considere las siguientes reglas: si comprara un pavo entero, calcule una libra por persona, y recuerde que sólo el 50 por ciento del pavo es comestible.

El otro detalle es que si fuera a comer sólo pechuga, calcule una 1/2 libra a 3/4 libra por persona. En suma, si tuviera 12 invitados va a necesitar entre unas 6 a 9 libras de pavo, lo que le llevaría a un pavo de unas 12-18 libras.

Si quiere tener sobras para el día siguiente para hacer pasta con pavo, sándwiches para que los chicos se lleven a la escuela con vegetales frescos rostizados (o para la familia entera) con pan de grano entero— entonces compre un pavo de unas 18-20 libras.

Con respecto al tema del descongelamiento, es muy importante que cuide dónde lo hará. Como dije antes, es necesario que sea en temperaturas frías para evitar que nadie se enferme. Por cada libra de carne congelada, llevará cinco horas o 1/2 hora en agua fría. Por ende, un pavo de 18 libras se descongelará en 90 horas si fuera en la nevera o en nueve horas en agua fría. Personalmente, me inclino al descongelamiento en heladera aunque sé que lleva más tiempo pero todo es cuestión de organizarse.

El otro tema controversial es si se cocina el ave con el relleno dentro o no. Yo particularmente no soy de hacerlo con el relleno en el pavo por una cuestión de diferencias de temperaturas en la cocción, sino en formas separadas. Use tomillo y salvia en el pavo, mantequilla, sal y pimienta, al sazonar y ate las patitas. Use los jugos del ave para bañarlo cada tanto y mantener así la carne jugosa.

Cocínelo a 325ºF por dos horas o hasta que el termómetro marque 180ºF de temperatura interna, sin tocar el hueso, en la parte más densa del ave. En los jugos que largue el ave (para formar luego la salsa) puede agregar jugos de fruta, mostaza de miel o el toque de sabor que se le ocurra. También recuerde, lo más memorable de su cena estará en lo pequeño; que sus guarniciones sean para no olvidar. Utilice productos frescos, orgánicos y de estación. Hoy, acumulemos agradecimientos. ¡Felicidades!

No Responses to “El regreso a las raíces, lo básico y lo aromático”

  1. Annie dice:

    Sigo escuchando las noticias acerca de c

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